
15 jun, 8:51 p.m.
Carta abierta sobre la opacidad y el mal servicio del Concurso Octavio Paz de Poesía 2026.
Por Rafael Bordao.
A quienes organizan el Concurso Octavio Paz de Poesía 2026, auspiciado por la Feria del Libro de Miami:
Quienes escribimos poesía sabemos que cada certamen literario es, o debería ser, una invitación al diálogo, a la transparencia y al respeto por la palabra. Sin embargo, la experiencia de participar en este concurso ha sido, para muchos, una prueba de paciencia y resistencia ante un sistema que parece diseñado para excluir más que para acoger.
El proceso de envío de manuscritos —que en cualquier convocatoria seria debería ser claro, directo y accesible— se presenta aquí como un entramado confuso, casi encriptado, donde cada paso exige descifrar instrucciones técnicas que no están al alcance de todos. Da la impresión de que el concurso está pensado únicamente para quienes dominan los sistemas internos de la FIU, dejando fuera a escritores independientes, autores de la diáspora y participantes que no pertenecen al ámbito universitario.
A esta dificultad se suma un problema aún más grave: la ausencia total de comunicación. Se ofrece un nombre de contacto, pero nadie responde. No existe un teléfono operativo para aclarar dudas básicas. El número que aparece en el sitio web de la Feria del Libro de Miami hace sonar el timbre sin que jamás alguien atienda. Es un silencio administrativo que desalienta, que frustra, que transmite desinterés por quienes desean participar.
Un concurso literario no puede funcionar como una puerta cerrada. La literatura exige rigor, sí, pero también exige accesibilidad, acompañamiento y respeto. Cuando un certamen se convierte en una experiencia hostil, cuando la organización no ofrece canales de comunicación mínimos, se traiciona el espíritu cultural que supuestamente se pretende promover.
Lleva el nombre de Octavio Paz, un autor que defendió la claridad, el diálogo y la apertura intelectual. Resulta contradictorio —y doloroso— que un concurso que honra su legado se gestione con opacidad, desorden y una indiferencia que desanima a los propios creadores.
Por todo ello, esta carta abierta no es un ataque, sino un llamado urgente a la responsabilidad. La comunidad literaria merece un certamen transparente, accesible y humano. La Feria del Libro de Miami, institución de prestigio, tiene la oportunidad —y la obligación— de corregir estas fallas para que el concurso esté a la altura del nombre que lo respalda y del talento que convoca.
La poesía no debería perderse en un laberinto burocrático. La poesía merece puertas abiertas.
Atentamente,
Rafael Bordao.